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Durante la era de los descubrimientos muchas veces ocurrió que algún marinero avistaba una nueva tierra, de la cual daba noticias y que se registraba en la cartografía.

Luego, con expediciones oficiales, se buscaba volver a llegar a estos lugares, sin que nadie pudiera dar con ellos.

Se trataba de islas fantasma, cuya existencia acabó por descartarse, pero que como leyendas, forman parte de la historia.

En nuestro presente, son también el territorio de Rino Island, nuestra nueva parada en la serie de Micronaciones: los países que no existen.

¿Dónde está Rino Island?

De acuerdo al gobierno de la micronación, la República de Rino Island reclama como su territorio un conjunto de islas, islotes, arrecifes y rocas sobre las cuales ningún otro estado ha reclamado la soberanía.

En concreto, se trata de, hasta hoy, siete lugares que comparten la característica de ser islas fantasma.

Todas ellas se encontrarían en el Océano Pacífico, y llevan los nombres de Isla de Rino (originalmente Davis Land), Podesta, el Arrecife Rivadeneyra, la Isla de los Patos, la Roca Minnehaha, Isla Elizabeth y la Roca Presidente Rino.

“Para nuestro país estas islas son nuestra reclamación territorial soberana; y aunque quizás no puedan ser halladas aún, al no tener población indígena ni gobierno alguno constituían, pues, tierra de nadie. Entonces, legítimamente, nuestra República de Rino Island las proclamó como su territorio soberano y nacional. Y como tal, sustenta nuestro proyecto nacional eminentemente de promoción de la cultura y tradiciones del Océano Pacífico”, declaran.

También tienen un territorio físico, pero de eso hablaremos más adelante.

¿Qué es una isla fantasma?

Una Isla Fantasma es aquella que aparece en la cartografía histórica por un periodo largo de tiempo. Hasta que finalmente se comprueba su inexistencia y es eliminada.

Es diferente a una isla mítica, que son lugares puramente fantásticos, ya que fueron realmente avistadas por alguien, y bien pudo tratarse de espejismos, de bancos de arena que se formaron para desaparecer en poco tiempo o incluso de islas reales cuyas coordenadas quedaron mal registradas.

Historia de Rino Island

Esta micronación, que pese a ser hispanohablante se bautizó en inglés para facilidad de los extranjeros, nace en 2009.

Su fundador fue Vittorio Rino y su objetivo era ser un club social inspirado en una de las micronaciones más famosas de Sudamérica, la Parva Domus.

Contrario a su contraparte uruguaya, Rino Island creció en membresía al abrir una página web, pero el aumento explosivo de ciudadanos les trajo muchos problemas, al grado de que estalló una guerra civil que desencadenó el bloqueo de la página web.

Originalmente el país reclamaba solamente a Davis Land, que fue renombrada isla Rino en honor al fundador del país, y Clipperton, aunque las pretensiones sobre esta fueron finalmente olvidadas.

 

República de Rino Island Bandera

La formación del país estuvo llena de problemas, al golpe de estado original le siguió un buen periodo iniciado en 2014 cuando se promulgó su constitución, a cargo de Benedetti Samperi. También se logró la afiliación a la Organización de las Micronaciones Unidas.

Pero de nuevo tuvieron problemas en 2016 cuando su entonces presidente, el ex futbolista mexicano Jair Meza, abandonó el cargo tras solo un mes en funciones, lo cual desestabilizó el sistema y provocó dos nuevos golpes de estado.

No fue hasta 2017 cuando un grupo de los rinoislandeses originales, liderados por Anastasio López y Marco Antonio Rino, sobrino del fundador, pusieron orden en el país.

A este periodo se le conoce como el de la restauración nacional y se crearon las leyes e instituciones que hasta hoy rigen esta micronación en paz.

Pese a su convulsa historia, que parece tan belicosa como la de Austenasia, Rino Island presume de su estabilidad al compararse a otros países como lo es Bolivia.

Según sus cuentas, han tenido menos golpes de estado en promedio a lo largo de su historia, de los que ha tenido la nación del Altiplano.

Cultura y diplomacia

Rino Island puede no tener un territorio físico conocido, pero si es una de las micronaciones hispanohablantes más activas que existen.

Dentro de sus actividades destaca la promoción cultural, la cual realizan a través de la producción cinematográfica.

Pato Pictures es la compañía de cine de la micronación y produce cortometrajes que la convierten en “la más importante compañía cinematográfica de entre las micronaciones del mundo”.

Jair Meza, quien parece haber sido un gobernante terrible, ordenó la destrucción de estos trabajos y el cierre de la compañía, pero las cintas sobrevivieron en la clandestinidad, y en 2019 se reformó la compañía, hoy sus trabajos se pueden ver en YouTube.

Islas Fantasma que conforman la República de Rino Island

Rino Island también tiene una biblioteca online abierta al mundo, un centro cultural, un museo filatélico e incluso una federación de futbol virtual.

Dentro de la diplomacia Rino Island es un líder dentro de los proyectos de micronaciones, y establecen relaciones diplomáticas solo con aquellos lugares que tengan un proyecto serio y más de un año de existencia.

Además de ello, no temen involucrarse en asuntos más allá del mundo micronacional.

Rino Island ha reconocido la independencia de dos países que viven subyugados, como lo son Palestina y la República Saharaui, y también ha tomado partido a favor de España en la cuestión de la soberanía de Gibraltar.

¿Qué ver en Rino Island?

En principio, el turismo en Rino Island solo se puede dar en línea conociendo sus propuestas y museos virtuales, pues dado que su territorio se compone de islas fantasma, es imposible llegar a ellas a menos que en el futuro se les redescubra.

Sin embargo, con un poco de trampa, si es posible poner pie en territorio rinoislandés.

En la provincia de Soria, en España, se encuentra el pequeño pueblo de Rebollosa de Pedro, que en el censo de 2010 apenas tenía tres habitantes y que ya había perdido su calidad de municipio que tuvo en el siglo XIX.

Iglesia de San Gervasio y San Protasio en Rebollosa de Pedro

Rebollosa de Pedro fue “cedida” a Rino Island por otra micronación que hoy ya no parece tener actividad algunas, el Reino de las Tierras Numantinas.

Rino Island declara que el reclamo sobre la que ellos llaman Aldea de Pedro y reconocen como territorio de ultramar es puramente cultural y que respetan plenamente la soberanía de España sobre la aldea.

Así que aunque oficialmente sea española, visitar Rebollosa de Pedro se puede considerar de cierto modo como visitar Rino Island.

El atractivo principal de Rebollosa es su iglesia construida en 1922 y también puedes ver su antiguo ayuntamiento, sus casas y sus huertos.

Es un gran espacio para hacer turismo rural.

Futuro de Rino Island

Pocas micronaciones están tan activas como Rino Island, por lo que su futuro como proyecto parece estar garantizado.

Puedes involucrarte con ellos visitando su página oficial y, quien sabe, si alguna vez una de las islas fantasma que reclaman apareciese, incluso visitarlos físicamente.

 

Si visitas la Casa Loma, uno de los museos destacados de Toronto, puedes acabar dando un paseo por el barrio donde se encuentra, South Hill.

Nada en las calles de este lugar te indicará que se trata de un espacio particular dentro de la ciudad canadiense, pero la parte sudeste de South Hill tiene una personalidad muy fuerte.

Tanto así, que se han declarado como un país independiente, la República de Rathnelly, nuestra siguiente parada en la serie de Micronaciones: los países que no existen.

¿Dónde está la República de Rathnelly?

En parte del barrio de South Hill en Toronto, Canadá.

De acuerdo a la página oficial de la República sus límites son:

Mapa de la República Rathnally

las vías de ferrocarril al sur y las calles Avenue Road al este, Poplar Plains Road al oeste y Poplar Plains Crescent al norte.

Historia de la República de Rathnelly

En el siglo XIX, la zona que hoy es South Hill fue la favorita de los ciudadanos más acaudalados de Toronto, que construyeron grandes mansiones y casas de descanso en la zona que, en ese momento, era considerada una ubicación independiente, tal y como San Ángel lo era de la Ciudad de México.

Fue hasta 1905 que el pueblo se anexionó a una Toronto que crecía, para convertirse en uno de sus barrios, aunque nunca perdió su carácter como un lugar habitado por gente de clase alta.

South Hill puso las semillas de su independencia el 10 de junio de 1967, cuando Canadá festejaba el centenario de su Independencia.

En esa fecha, y puramente como un juego, los vecinos del barrio salieron a festejar su independencia de Canadá y se autodenominaron como República de Rathnelly.

El nombre vino de una de las mansiones del barrio, construida en 1830 por William McMaster, que nombró su propiedad como el pueblo de Irlanda del que era originario.

La celebración se acabó convirtiendo en una tradición, y cada año se hacían fiestas de independencia, donde se prendían hogueras y se bebía alcohol en la calle, cosa que las leyes de Canadá prohibían en ese entonces.

Además, los vecinos celebraron elecciones eligiendo una reina, y se formó un “ejército” que eran niños que recorrían las calles armados con escobas y cepillos.

La República se formaliza

Estas semillas de secesión dejaron de ser un juego cuando el barrio se sintió amenazado.

El gobierno planeó un tren, el Spadina Expressway que cruzaría por el centro del barrio, y requeriría demoler casas y destruir áreas verdes.

Además de estas pérdidas, los vecinos temieron que el barrio quedara dividido para siempre, rompiendo las relaciones entre ellos como pasó cuando el Periférico acabó con la vida familiar en Tacubaya.

Casas en South Hill Toronto

Tomando como inspiración la independencia que hasta entonces eras un juego, el barrio se organizó y fundó la Asociación de Residentes del área de Rathnelly (RARA por sus siglas en inglés) para detener los planes de infraestructura.

Tomó años de lucha, pero en 1971 los planes del tren se detuvieron y el espíritu rebelde de Rathnelly se volvió legendario.

La República de Rathnelly hoy

Gracias a su éxito, el ser una micronación quedó grabado como una tradición del barrio, y alrededor de la República se creó una Asociación que defiende los intereses de los vecinos y genera iniciativas para su bienestar.

Entre las labores que hacen están las de mantenimiento, protección de Covid-19 y conservación del patrimonio histórico.

Además, mantienen eventos culturales y festivos que se han vuelto tradicionales y que garantizan que la República de Rathnelly tenga su futuro asegurado.

¿Qué ver en la República de Rathnelly?

Cuando viajes a Toronto, un paseo por este barrio está más que justificado, y debes empezar por una visita a la cercana Casa Loma.

Se trata de una de las mansiones que se crearon en la zona en el siglo XIX y que se ha convertido en uno de los museos más importantes de la ciudad.

Dado que el barrio fue fundado por clases altas que hacían grandes mansiones y casas de descanso, varias de estos lugares aún se pueden conocer caminando por South Hill lo que permite conocer este tipo de arquitectura.

Además de la paseada, es una gran idea acudir a los eventos de la micronación.

El Día de Rathnelly, la celebración del solsticio de invierno y la búsqueda de huevos de pascua están entre los que se anuncian en su página oficial.

Más que una micronación, Rathnelly es una asociación vecinal, pero un gran ejemplo de como los vecinos trabajando juntos pueden sacar adelante sus comunidades.

 

En los mares del mundo, se encuentran cientos de miles de islotes, muchos de los cuales no tienen nada más que un nombre.

Pero existe uno que destaca frente a todos los demás, pues es el único que se ha declarado como una nación independiente.

Es nuestra nueva parada en la serie de micronaciones: los países que no existen.

¿Dónde está Pontinha?

Entre las micronaciones del mundo, varias de las más pequeñas lo son porque ocupan lugares construidos por el hombre, tales como Austenasia, Parva Domus o Sealand.

Pero muy pocas tienen un tamaño tan pequeño debido a límites naturales.

Pontinha es una de ellas, pues se trata de un islote de tan solo 172.8 metros cuadrados que se encuentra frente al puerto de Funchal en las isla Madeira de Portugal.

Mapa de la isla de Madeira con Pontinha resaltada

Está separada unos 70 metros de la isla de Madeira, aunque están unidas por un muelle y por su tamaño, es apenas más grande que Colibar.

Historia de Pontinha

Primeros habitantes

Al estar tan cerca de Madeira, la historia de Pontinha está intrínsecamente ligada al archipiélago, cuya existencia se conoce desde por lo menos el siglo I antes de nuestra era, cuando eran mencionadas en algunos escritos como Islas Bendecidas.

Sin embargo, aunque hubo algunos intentos de alcanzarlas, y existe evidencia arqueológica de que tuvieron presencia de los vikingos, para el siglo XV estaban deshabitadas.

Fue en 1419 cuando Portugal las reclamó como suyas tras una expedición de João Gonçalves Zarco y Tristão Vaz Teixeira.

Estos son los primeros que, sin lugar a dudas, pusieron pie en Pontinha, donde construyeron un fuerte.

Venta del islote

Poco más se puede contar de Pontinha hasta el siglo XX, cuando realmente empieza la historia de la micronación.

En 1903, el gobierno portugués necesitaba dinero para remodelar el puerto de Funchal, y no había de donde sacarlo, así que pusieron en venta el islote, que de poco les servía.

Unos comerciantes británicos de vino, la familia Blandy, la compró, dando a Madeira el dinero suficiente para renovar el puerto.

Los Blandy, tampoco hicieron nada con Pontinha, y para el año 2000 buscaron deshacerse de ellas, siendo el profesor Renato Barros quien la compró.

“Vendí algunas de mis posesiones, junté mis ahorros y la compré”, narró Barros al diario The Guardian, “por supuesto, mi esposa, mi familia, mis amigos – todos creyeron que estaba loco”.

Renato Barros quiso en principio recuperar el antiguo fuerte colonial para hacer un restaurante y un museo. Sus planes no fueron aprobados y en 2007 informó al gobernador de Madeira su independencia (haciéndola retroactiva al 200 cuando compró la isla).

De acuerdo a Barros, el documento de venta a la familia Blandy entregaba no solo el fuerte, sino el dominio de la isla, y por ello desde que se vendió en 1903 estaba en pleno derecho de separarse.

El rey de Pontinha

Desde entonces él es el rey de la isla.

Después de la independencia

Lo primero que hizo el gobernador de Madeira fue intentar comprar el islote a Barros, y cuando este se negó, le dijo que no le conectaría ni la electricidad ni el agua potable.

Por ello, Barros colocó un panel solar y una turbina eléctrica, haciendo de su micronación el primer lugar del mundo 100% sostenible.

Hasta 2017, Portugal no se peleó por el islote y dejó a Barros tranquilo, pero en ese año, el príncipe fue arrestado tras negarse a cumplir una orden de la Guardia Nacional.

En 2021 se tienen las últimas noticias de Pontinha, donde Renato Barros escribe en calidad de jefe de estado al presidente de Portugal solicitando una reunión bilateral con motivo de su visita a Madeira.

¿Qué ver en Pontinha?

Por su pequeño tamaño, prácticamente no hay nada que ver en Pontinha, pero tiene algo de lo que muchas micronaciones carecen, un auténtico monumento histórico.

Fuerte de San José en las islas Madeira

El Fuerte de San José, construido en 1419 cuando Zarco y Teizeira llegaron al lugar, y que asta el dpia de hoy se mantiene en pie.

El fuerte es, además, la capital de la micronación.

Además de ello, el islote tiene una pequeña cueva, y se puede nadar en el mar que la rodea.

Futuro de Pontinha

El propio príncipe Renato Barros ha aclarado que ni siquiera su propia familia apoya de todo su idea de la micronación, así que todo parece indicar que el país desaparecerá cuando lo haga su interés, a menos que su hijo decida continuarlo.

Por otro lado, juristas portugueses han aclarado que las leyes portuguesas no incluyen la de ceder la soberanía, por lo que fuera de lo declarado por el propio Barros, no parece existir base legal para existir, pues ni siquiera cuenta con una población permanente.

 

Asociaciones culturales hay muchas en el mundo, pero son muy pocas las que, además de sus fines sociales, educativos y recreativos, ejercen un doble papel como una nación independiente.

Parva Domus es una de las que cumplen con ambos papeles, declarando el espacio que ocupan en las calles de Montevideo como una micronación.

Es nuestra nueva parada en la serie Micronaciones: los países que no existen.

¿Dónde está Parva Domus?

Al igual que Austenasia, encontrar Parva Domus no requiere más que de una dirección.

En este caso se trata de Bulevar General Artigas #136, en el barrio de Punta Carretas en Montevideo, Uruguay.

Para mayores referencias, se encuentra en una casona de estilo neoclásico, frente al Club de Golf del Uruguay, y además de la casa, la micronación abarca los jardines que la rodean en el mismo predio.

Historia de Parva Domus

Nacimiento

Los orígenes de este lugar se remiten al siglo XIX, cuando Punta Carretas era un espacio rural y muy poco frecuentado por los citadinos de Montevideo. Era, sin embargo, un lugar que le gustaba mucho a José Achinelli, quien solía visitarlo todos los domingos.

Achinelli acudía al lugar a pescar en el Río de La Plata, pero el pesado viaje para llegar en tranvía de caballos se le hacía pesado, por lo que acabó por decidir alquilar una de las deterioradas fincas del lugar para descansar y guardar sus cosas.

Así, por una renta de tres pesos mensuales, se hizo de un cuarto en la finca que hoy es Parva Domus, mismo que también usó para hacer reuniones y comidas con amigos.

Este grupo de amigos fue el que daría nacimiento a la micronación, que durante las reuniones que celebraban adquirió nombre y bandera.

Los símbolos patrios

Entre los asistentes a las reuniones se encontraba Juan Riva-Zuchelli, quien leía una novela y que fue la que inspiró el nombre del lugar.

El libro era Jack, del autor francés Alphonse Daudet, donde un personaje se hace con una casa de campo afuera de París a donde se retira a dedicarse a la literatura, en esta casa escribe la frase en latín Parva domus, magna quies.

Riva-Zuchelli, recordando la historia, escribió estas mismas palabras en la puerta del cuarto donde se reunían, y aunque Achinelli no sabía su significado, acudió a dos curas que hablaban latín quienes le dijeron que significaba Pequeña casa, gran reposo.

Sabido esto, pintó el nombre definitivamente sobre la puerta, y Parva Domus pasó a ser el nombre del grupo.

En cuanto a la bandera, se evitó usar colores de los dos partidos políticos de Uruguay, pues cada uno tenía simpatizantes entre los asistentes, y se tomó como modelo la bandera de una naviera británica, una cruz azul sobre fondo blanco, representando los colores la cercanía con el mar y la pureza.

Símbolos patrios de Parva Domus

A esta se agregaron las letras PDMQ, de la frase que les dio nombre.

Cuando los asistentes izaron la bandera el 25 de agosto de 1878, se considera que se fundó la micronación, a la cual más adelante se le compuso un himno nacional, la Marcha Parva Domus.

Crecimiento

La Parva Domus se ha convertido en un referente de la vida cultural de Uruguay, y hasta hoy se mantiene en plenitud, sus ciudadanos celebran reuniones cada miércoles por la noche y domingo por la tarde y han pasado de ser un club casi secreto a abrirse a la sociedad.

Eso si, no han perdido aquello que les dio origen, son esencialmente un club de amigos, y cada miembro es un ciudadano.

El máximo de ciudadanos que pueden tener es de 250, para ingresar se debe ser invitado por una persona que ya sea parte del grupo y aceptar la filosofía de “armonía, amistad y tolerancia”, quien te invitó al club se hace responsable de tu mal humor.

Un tema que ha generado polémica, es que las mujeres no pueden ser ciudadanas, pues se trata esencialmente de un club de amigos donde jugar a ser una micronación es parte del juego, sin embargo se defiende que no son discriminatorios y que las mujeres son bien recibidas los días de ñoquis.

Esta es una tradición donde quienes no son ciudadanos son recibidos, tienen lugar los días 29 de cada mes y se sirve de comer precisamente ñoquis.

¿Qué puedo visitar en Parva Domus?

Dentro de la casona hay un museo que exhibe su constitución, fotos de ciudadanos ilustres y una enorme cantidad de objetos que han caído en desuso, desde uniformes militares hasta hojas de afeitar.

También es posible acudir a alguno de sus actos culturales, que son su principal valor, si no se es ciudadanos es difícil entrar, pero se puede hacer en la noche de ñoquis.

Si estás en Montevideo, también puedes disfrutar de una tradición de Parva Domus sin entrar al país, y es que el día de su independencia, el 25 de agosto, sus ciudadanos se visten con atuendos y desfilan por las calles cercanas.

Su futuro

Parva Domus goza de buena salud, y mientras sus miembros vayan sumando amigos interesados en mantener sus actividades y tradición, seguirá en pie como una de las micronaciones más antiguas y mas exclusivas del mundo.

 

Australia tiene alrededor de 500 pueblos aborígenes, cada uno con su cultura e idioma propios, y cada uno habitante de un territorio ancestral.

Aunque todos son legalmente considerados ciudadanos y parte de Australia, algunos de esos pueblos han llegado a preguntarse, ¿cuándo perdimos nuestra independencia?

Esa pregunta es la que hizo surgir a la República Murrawarri, nuestra siguiente parada en la serie Micronaciones: los países que no existen.

¿Dónde está la República Murrawarri?

Los Murrawarri fueron el primer grupo aborigen que se organizó para reclamar su independencia de Australia, y la república que proclamaron está en su territorio ancestral.

Este se encuentra en la frontera de los estados de Nueva Gales del Sur y Queensland, aunque la extensión real de la micronación no ha sido fijada con certeza y es cuestión de discusión.

La página web de la República marca que el país va desde el sur de la población de Cunnamulla y lo extiende al sur hasta el punto donde se encuentran los ríos Darwin y Warrego.

Murrawarri Republic Map

De acuerdo a la web, esta zona tiene un área total de 81,796 kilómetros cuadrados, pero el estudio de las coordenadas ofrecidas indica que en realidad el país mediría en realidad 22,170 kilómetros cuadrados.

Historia de los Murrawarri

Orígenes

Se conoce muy poco de la historia de los Murrawarri, también llamados Muruwari antes de que entraran en contacto con la civilización occidental.

Su territorio se encuentra a 600 kilómetros de la costa, en una zona desértica de Australia y no fue visitado hasta 1846, en la cuarta expedición que Thomas Mitchell, agrimensor oficial de la Corona Inglesa en Nueva Gales del Sur, emprendió al interior de la isla.

Se descubrió que la zona era rica en pastos para el ganado, y siguiendo la ley británica de 1850 que permitía a los colonos reclamar hasta 140 kilómetros de tierra para su explotación, con lo cual se fueron instalando desplazando a los pobladores originarios.

Los Murrawarri, como muchos otros aborígenes, se adaptaron a los colonos y encontraron trabajo en estaciones, a la vez que buscaban preservar sus tradiciones. A pesar de esto su población decayó con el paso del tiempo.

Terra Nullius

Los derechos e identidad de los aborígenes no importaron por muchos años, y una vez que fue independiente, Australia mantuvo la discriminación sobre estos pueblos, pero en 1992 la cosa empezó a cambiar.

Desde la llegada Británica a Oceanía, los europeos reclamaron legalmente las tierras de Australia bajo el concepto legal de Terra Nullius, el mismo que Liberlandia usa para justificar su existencia.

Este implica que las tierras no eran de nadie y cualquiera que llegara podía reclamarlas como suyas.

Este concepto fue heredado en la legislación de la Australia independiente, y a nadie importó desde el siglo XVIII hasta finales del XX que todo el país hubiera estado habitado por aborígenes.

Bajo esta ley claramente racista, era como si nadie viviera en la isla al llegar los británicos y, como si no fueran personas, no se reconocían sus derechos sobre la tierra.

Pero el 3 de junio de 1992, la Suprema Corte de Australia falló en un caso conocido como la Decisión de Mabo.

Tras la demanda de un nativo de la Isla de Torres, Eddie Mabo, se logró que el país reconociera que el concepto de Terra Nullius no debió aplicar a Australia, que si estaba habitada y así se reconoció el derecho de todos los indígenas australianos sobre su tierra.

Este fallo llevó a que en 1993 se promulgara la Ley de Títulos Nativos, con la cual los grupos aborígenes tienen acceso a sus territorios originarios para vivir, cazar, llevar a cabo actos culturales y enseñar sus usos y costumbres a sus miembros.

Claro que la ley no deja de reconocer que todo el territorio es parte de Australia, y otorga los derechos a los nativos como ciudadanos del país.

Los Murrawarri fueron los primeros en preguntarse ¿por qué razón era esto así?

Nace la República Murrawarri

El 30 de marzo de 2013, los Muruwari declararon la independencia de su territorio ancestral, y su Consejo Provisional de Estado mandó una carta oficial a la Reina Isabel II en el Reino Unido.

En esta misiva, los Muruwari solicitaron a la Reina que entregara algún documento que demostrara legalmente cuándo habían perdido control de su territorio para formar parte de sus dominios convirtiéndose en súbditos.

Los documentos podían ser, un tratado entre ambos estados, un documento dónde la Nación Murrawarri cediera el territorio, o una declaración de guerra que pudiera haber terminado en una conquista.

Murrawarri Republic Flag

Cómo puede suponerse, la Corona Británica ignoró la carta, y esto se tomó como una afirmación de que dichos documentos no existían. Igualmente, la historia no recoge ningún hecho bélico o diplomático entre Muruwaris y europeos.

Dado que Australia ya había dicho que el concepto de Terra Nullius no debió aplicarse, la única conclusión posible era que los Murrawarri nunca perdieron su independencia y por ende no son y nunca han sido legalmente parte de Australia.

Aunque fueron ignorados por Australia, igual que por la Gran Bretaña, el hecho llamó la atención de todo el mundo, y el gobierno australiano simplemente dijo que no respondieron porque las leyes del país no contemplan ningún escenario para que una parte del territorio se separe.

Los Murruwarri han llevado su declaración de independencia al Comité de Descolonización de la ONU, pero hasta el día de hoy sus reclamos, aunque han generado mucho interés académico, no han generado ningún cambio legal, siendo lo más sencillo para todas las partes, ignorarlos.

Qué ver en la República Murrawarri

El área donde se coloca el país es extensa, pero poco poblada, sin embargo en ella puedes encontrar desde sitios culturalmente importantes para los Murrawarri como poblaciones australianas.

Entre los sitios destacados al viajar por el área se encuentran la misión Dennewan, protegido como un sitio aborigen protegido por el Gobierno de Nueva Gales del Sur.

También puedes visitar poblaciones como Weilmoringle, Ageldool y Barringun, su capital, que solo tiene 7 habitantes.

Parque Nacional Culgoa Australia

Cerca de Weilmoringle, puedes acercarte a la naturaleza del país visitando el Parque Nacional de Culgoa, donde puedes hacer campamentos, senderismo y avistamiento de aves.

Si te acercas a grupos culturales de los Murrawarri, puedes conocer su cultura ancestral, su artesanía y sus tradiciones.

Su futuro

La República Murrawarri es una micronación con un éxito tal que se ha convertido en un referente para muchas otras.

De hecho, más de 20 grupos aborígenes australianos han tomado su ejemplo y seguido los mismos pasos que ellos para declararse a su vez como naciones independientes.

El gobierno de la micronación está activo, tanto en la difusión de su cultura, como en el activismo para ganar derechos y que se reconozca su libertad.

Fuera de ello, un reconocimiento real para el país es difícil, por un lado, porque el grueso de la población que vive en el territorio reclamado, no es aborigen, y no tienen interés alguno en separarse de Australia.

La micronación les ha prometido respetar su idioma y derechos, pero esto no cambia que sean personas que no quieran perder los servicios que les da Australia y que no se identifican con la cultura muruwari.

Finalmente, está el hecho de que para Australia darles la independencia sería abrir una presa que podría llevar a su desaparición.

Reconocer a los Murrawarri, significaría que no habría razón legal alguna para no dar el mismo reconocimiento a cientos de tribus aborígenes, y esto significaría perder el control de gran parte, si no todo, su territorio.

La única esperanza de que los aborígenes logren su independencia sería que consigan fallos de cortes internacionales que les den la independencia que busquen y que logren tener un movimiento importante detrás de ellos.

Sin embargo, un ejemplo como lo son los chagosianos, que tienen todo a su favor para recuperar su archipiélago, demuestra que aún esto no es garantía de que se respeten las leyes.

Mientras esto no ocurra, el esfuerzo quedará como un acto de activismo, aunque ayuda a el avance de los derechos de estos grupos, como ya se dio con el cierre de Uluru.

Sin embargo es uno que ha puesto a esta cultura, su historia y sus derechos en el interés del mundo entero, y eso ya es un triunfo para este lugar.