El Cerro de la Estrella en Iztapalapa

Cerro de la Estrella Iztapalapa

Mientras familias enteras subían a los tejados de sus casas, observando atentas hacia el cerro de Huixachtecatl, un grupo de sacerdotes ataviados con sus mejores galas caminaban en procesión al templo en la cima del montículo.

Eran los responsables de uno de los ceremoniales más importantes del México prehispánico: la Ceremonia del Fuego Nuevo, que se realizaba cada 52 años.

Tras llegar a la cumbre, los sacerdotes esperaban la caída de la noche; observaban la aparición de las estrellas Pléyades y, al visualizarlas, encendían una gran hoguera a la vez que sacrificaban a un prisionero.

Cuando los pobladores del valle de México veían las llamas, entraban en júbilo y hacían penitencia cortando sus orejas para alimentar con su sangre al sol.

En la punta del cerro, se encendían antorchas con el fuego nuevo que era llevado a cada población cercana, incluida la gran Tenochtitlán.

La ceremonia significaba el inicio de un nuevo ciclo, y que el mundo viviría otros 52 años.

La última vez que la ceremonia se realizó, fue en 1507. El cerro de Huixachtecatl, es el hoy llamado Cerro de la Estrella, y el templo mexica donde se hacía el acto, aún corona su cima.,

Es un tesoro turístico y cultural poco conocido en Ciudad de México.

Más allá de La Pasión de Iztapalapa

En el imaginario de los mexicanos el Cerro de la Estrella, está ligado a la Semana Santa.

La Pasión representada por gente de los barrios de Iztapalapa, recibe gran atención mediática y millones de visitantes, que lo hacen uno de los eventos más grandes del país.

Este 2019 José Antonio Reyes interpretó a Jesús de Nazareth en una procesión que termina con la crucifixión a los pies del Cerro de la Estrella, en la 176 edición del evento.

Pero pasados los días de asueto la zona rara vez es visitada, a pesar de tratarse de una importante área arqueológica y un pulmón verde en el oriente de la ciudad.

Visitarlo te llevará a conocer un lugar única de la capital mexicana.

Rumbo a la cima del Cerro de la Estrella

El museo del fuego nuevo, a medio camino subiendo al cerro, da inicio a la visita. Aunque su contenido compuesto por maquetas y placas informativas, lo hacen un atractivo menor que sólo introduce lo que se verá más adelante.

El museo incluye piezas arqueológicas halladas en el cerro, y algunas esculturas colocadas tras su renovación para ser parte de la Ruta dos del Iztapabús completan la exhibición.

Al salir, hay que prepararse para conquistar los 2460 metros del cerro, que lo hacen el noveno punto más alto de la ciudad.

Los edificios prehispánicos están en su cima. Frente al basamento piramidal, se extiende la Plaza del Fuego Nuevo, donde se celebraba la ceremonia de renovación del ciclo.

Ahí, se tiene un exclusivo mirador para contemplar toda la urbe, y dada su situación respecto al resto del Valle se aprecia por qué era el punto indicado para que desde cada pueblo se viera el encendido del fuego.

En días sin neblumo los ojos alcanzan a ver toda la ciudad, por lo cual es recomendable planear la visita en una fecha en que el aire se lleve el esmog.

Vista de la Ciudad de México desde la pirámide en el Cerro de la Estrella

Pensar que las ceremonias religiosas más importantes de los antiguos y los nuevos mexicanos se han celebrado en el mismo lugar, da un gran valor simbólico a un sitio que además sorprende por haber sobrevivido a la época colonial, cuando era usual remplazar templos indígenas por cristianos.

Hoy una recreación de la ceremonia se representa a finales de cada año.

Un espacio natural

El lugar no se reduce al templo, gracias a 100 hectáreas arboladas, el cerro es una importante área natural para un oriente capitalino sin muchos espacios verdes.

Desde la cima del Huixachtecatl parten senderos sin pavimentar que permiten descubrir otros atractivos de la zona, las cuevas y petroglifos que complementan la oferta arqueológica del lugar.

Los petroglifos, imágenes simbólicas talladas en piedras, son una de las expresiones humanas más antiguas y duraderas, pues se registran en todo el mundo, desde la prehistoria hasta la actualidad.

En el Cerro de la Estrella se han localizado 185 en 6 conjuntos. Los más detallados y complejos se encuentran en el interior de cuevas, mostrando la relación entre ambos.

Las cuevas presentes en todo el cerro, son producto de la actividad volcánica hace millones de años.

Se conocen 144, que se extienden desde la cima del cerro hasta terrenos anexos a la calzada Ermita-Iztapalapa.

La más renombrada de ellas es la Cueva del Diablo, que con 15 metros de profundidad es la más grande.

Cuevas CDMX

El conjunto de árboles, cuevas y petroglifos son un pretexto para activarse con un paseo en el bosque, y para sentirse un explorador que descubre huellas de civilizaciones pasadas.

Potencial desaprovechado

Arqueología, naturaleza, cultura. El Cerro de la Estrella tiene todo para convertirse en uno de los destinos turísticos más importantes de la capital.

Pero para lograrlo se tiene que desarrollar un programa serio que explote todo su potencial y supere los problemas que hoy enfrenta, cuestión en la que las autoridades de todos los niveles han sido omisas.

Ser uno de los centros ceremoniales más importantes de la época prehispánica no ha sido suficiente para garantizar su protección.

Desde 1978 se trabajó en un documento que declararía al cerro como zona de monumentos arqueológicos.

Pero desde el 2000 se está a la espera de la firma de un presidente para que entre en vigor, sin que en ningún sexenio se haya concretado esta formalidad que permitiría defender el sitio.

En el aspecto natural, el cerro ha sufrido un severo desgaste.

En 1938 era uno de los espacios verdes más importantes de la ciudad, por lo que Lázaro Cárdenas lo declaró un parque nacional de 1,100 hectáreas.

Pero sucesivos gobiernos no tuvieron ningún respeto por la zona, y el terreno se fue urbanizando hasta perder la declaratoria.

Hoy es un área de protección ecológica que abarca sólo 143 ha.

Pareja de amigos viendo un paisaje

Mientras tanto la alcaldía sigue permitiendo la deforestación y crecimiento de asentamientos ilegales, que terminan por recibir servicios en lugar de ser desalojados.

Los asentamientos, traen consigo dos cosas que afectan el turismo, el medio ambiente y el patrimonio.

Por un lado, impiden la investigación de más vestigios que aumentarían el atractivo del sitio.

Un ejemplo, desde 2006 se conoce la existencia de una pirámide teotihuacana de 18 metros de altura y 150 de base.

Pero el INAH renunció a desenterrarla por encontrarse en la plaza donde se celebra la Pasión, y a pocos metros de unas casas.

Por otro, quien se aventura lejos del templo en la cima, se acerca a lugares inseguros.

Así lo denuncia Claudia Leyva, arqueóloga que en 2011 emprendió una iniciativa turística llamada Senderismo In Lak’ech, que llevaba a conocer los petrograbados y cuevas de mano de expertos, pero que se canceló prematuramente.

“No pudimos contra la ignorancia, negligencia y oportunismo de las autoridades locales”, comenta, “la agresividad de los invasores fue lo que nos hizo desistir definitivamente, ya que nos seguían con actitudes intimidatorias y drogándose abiertamente… La última vez ya habían grafiteado unos petrograbados que ubicaron por nuestro propio recorrido”.

Finalmente, se impide recuperar las áreas verdes y se mantiene la amenaza de que continúe su depredación.

Imaginar un área natural de más de 200 hectáreas, sin invasiones, en medio de la ciudad; donde además del templo actual se pueda admirar una pirámide del tamaño de la de La Luna, y vestigios hoy desconocidos; donde senderos limpios y bien señalizados lleven a petrograbados y cuevas sin graffiti; donde una vez al año se celebre un evento cultural que capte las miradas del mundo; y conectado directamente al Centro Histórico por la línea 8 del metro, permitiendo el fácil acceso de miles de turistas extranjeros que detonen la economía de la zona, es posible.

Pero se necesita el trabajo y compromiso de ciudadanos y autoridades.

Como viajeros responsables, un primer paso es reclamar el espacio, visitarlo y mostrar el interés que hay en el.

Se puede tener un gran espacio de turismo sostenible que recupere un lugar clave de la cultura mexica, impulsando la cultura, el medio ambiente y la economía de la zona.

Nota sobre la seguridad en el Cerro de la Estrella

El Cerro de la Estrella, como el grueso de Iztapalapa tiene la fama de ser uno de los lugares mas inseguros de la CDMX.

Sin embargo en Viajeros en Ruta lo hemos visitado varias veces sin percibir inseguridad, y hemos visto como los vecinos de la zona lo recorren para actividades deportivas.

De cualquier modo vale la pena tomar precauciones y nunca aventurarte por senderos más allá del camino que lleva a la pirámide ni acudir hacia el atardecer.

Conforme los viajeros y vecinos hagan suyo el espacio, será cada vez un mejor lugar que visitar.

Cómo llegar

Lo lógico sería pensar que te debes dirigir a la estación del metro Cerro de la Estrella, pero en realidad la más cercana es el metro Iztapalapa en la línea 8 del metro.

Desde ahí camina por la calzada Ermita Iztapalapa hasta llegar al camino al cerro de la estrella, que lleva hasta la cima.

Comentarios

Francisco Fontano Patán

Desde niño sentí infinita curiosidad por descubrir el mundo, así que estaba escrito que sería un viajero. Exploré el mundo primero a través de mapas, y luego en persona. Tras escribir como freelance en varias revistas, viví un año en Barcelona donde obtuve una maestría en periodismo de viaje, fui miembro fundador del proyecto Caminos Sellados y gané un premio Malta Tourism Press Award como coautor del libro Postales del Mundo: Malta

He visitado 23 países de cuatro continentes y mi filosofía es que, en todo lugar hay algo por descubrir.
Francisco Fontano Patán

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